Hasta ahora las promociones típicas consistían en rebajas de precio durante un tiempo determinado, comunicadas agresivamente en el punto de venta y exhibidas en lugares destacados. Pero esto está cambiando. El cashback ya es la alternativa preferida por los consumidores a los descuentos en precio. Así lo dice el estudio de OnePoll que cita Retail Gazette, realizado con consumidores británicos.

El 51% de los consumidores ya ha probado el cashback, y el 78% de los mismos quedaron satisfechos. Y lo más interesante: el 25% declara que un cashback les anima más a comprar un producto que cualquier otra oferta. Sólo los descuentos en precio superan al cashback, con un 37% de preferencia. Además al 83% de los consumidores declara que no les importa esperar más de un mes para ejecutar el cashback, pero cuanto más rápido mejor. Y atención: quizás por eso el 77% prefiere recibir el cashback por medios electrónicos o digitales.

Esto es muy significativo, porque hace unos años el cashback ni se mencionaba entre las preferencias del consumidor. El estudio de OnePoll es de finales de 2014; es muy probable que el cashback esté ya muy cerca de ser la herramienta preferida para estimular las compras.

¿Qué consecuencias tiene esto para nuestra política de activación de ventas? Sencillamente, que los distribuidores no necesitan recortar sus precios en el punto de venta y perjudicar así sus márgenes, los del fabricante y el valor de marca. Un cashback bien estructurado con un especialista solvente puede conseguir aumentos de venta potentes y ahorrar la mitad del coste de un descuento en precio.

La lección que extraemos de todo esto es clara: el cashback ya es una alternativa viable y eficaz para que fabricantes y distribuidores exploren algo diferente a los típicos descuentos en precio que erosionan sus márgenes y sus marcas. La clave es gestionar el cashback lo mejor posible para que el consumidor reciba el dinero cuanto antes y en el formato que más le convenga.